Cómo llegó el infortunio
cómo siento ahora el agravio
en mi pecho, como un puño,
de tu corazón helado.
Vi cómo presta venías,
tú y contigo el invierno;
ahora, en honda agonía
creo bajar al infierno.
Grieta, ritmo, sucio trapo
de mi ya muerta existencia,
que se aferra aún a ese abrazo,
que derrite la creencia
de la que ya no me escapo.
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