Agarrotado en un ajado colchón me despierto para comprobar que el mundo en torno a mí sigue componiendo esa cadena piramidal de eslabones sin esencia.
Mientras pulso frías teclas reparo en que nada de lo que escribo tiene sentido. Cuando alguien redacta algo de forma tan mecánica que sus dedos bien podrían emular los apéndices de una máquina; cuando ves esa extraña mueca que pretende ser el bosquejo de una sonrisa en el rostro de tus semejantes; cuando sientes la injusticia, la opresión, la esclavitud y el amor apenas significa nada. Cuando no puedes más, sólo queda una solución:
Lucha, decide, vuela.
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