Océano, aguamarina,
un soplo de madrugada,
dos pellizcos de la luz
que ahora entra por mi ventana;
el tacto del terciopelo,
el dulce sol de la mañana,
el arrullo de las olas
que me atora la garganta.
Donde mora tu reflejo
mi corazón allí viaja;
tu voz, son libertador,
me fascina, me levanta.
¿Qué maldita estrella veo
en tu boca que me atrapa?
¿Qué demonio llevas dentro, belleza,
que se me escapa?
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